Lunes, 03 de abril de 2006
15 años después.
Un carro avanza hacia la villa de Aquirón mientras los distintos aldeanos continuan con sus tareas. Las casas, construidas de paja, madera y piedra, dan la apariencia de un muro blanco en mitad de un desierto de cereales. Y en cierto modo así era, un muro, ya que la villa fue contruida para frenar el avance enemigo durante las antiguas guerras.
Por fin, el carro alcanzó la villa y llegó hasta la plaza donde se encontraba el mercado. Una mujer y un adolescente bajaron del carro y en poco tiempo lo transformaron en un puesto más del mercado.
- Señora Mara, se la echaba en falta. Hoy a tardado bastante en venir.
- Es culpa de mi marido. Se le había olvidado arreglar el carro ayer, así que esta mañana...
- Lo supongo, sí. Por cierto, veo que ha renovado el repertorio de herramientas.
- Asi es. ¿Quiere alguno?
Mara y Huro eran herreros y se dedicaban a la venta en varios de los mercados de la región. Ella solía encargarse de las ventas con la ayuda de Hitomaru. Huro, por su parte, se encargaba de crear los utensilios y herramientas que vendían, a la vez que se encargaba del cuidado de la casa.
- ¡Hitomaruuu!
- Be... Bell
Bell era una amiga de Hitomaru, se conocían desde niños, pero últimamente Hitomaru la veía con ojos diferentes.
- ¿Te pasa algo?
- ¡NO! No me pasa nada
- Señora Mara, puede Hitomaru venir con nosotros
- Claro. Hoy no es un día de mucho trabajo así que no importa que me quede sola.
- Pues entonces me voy, Mara.
Mientras avanzaban hacia lo que conocían como el refugio de su pandilla, Bell le recriminó a Hitomaru como muchas otras veces.
- Deberías decirla "madre" o "mama", ya sabes que no es de buena educación por aquí.
- Pero tú también sabes perfectamente que Mara no es mi verdadera madre.
- Lo se, lo se, tu madre murió cuando naciste, y ella y Huro se encargaron de tí desde entonces, pero ella es quien te ha criado, asi que en cierto modo es tu madre.
- Olvidemoslo, además, de donde venimos se suele llamar a la gente por su nombre aunque sean tu familia.
- Siempre dices lo mismo, pero sigues sin saber como se llama ese lugar del que vienes ni mucho menos donde está.
Hitomaru no pudo evitar sonreir para darla la razón, ya que era una lógica más fuerte la de Bell que la suya. Entre tantas palabras por fin llegaron al refugio del grupo de amigos, casi todos estaban allí. Estaba Roger, un muchacho de 16 años que fanfarroneaba de ser el más fuerte, su hermana Clara de 14, muy tímida y a la que todo el mundo distinguía por su cuidado cabello, tan blanco como las nubes y tan largo que la tapaba todo el cuello. A su lado se encontraba Satoshi, un chico de la misma edad que Hitomaru, Rose, de 16 y la mejor amiga de Bell, y Max, el más callado de todos y que cumpliría 15 en menos de un mes. Sin embargo, Hitomaru notaba la falta de otro miembro del grupo.
- ¿Dónde esta Kuso?
- No lo sabemos, pero seguramente esté otra vez corriendo de miedo por cualquier tontería. - Respondió Roger, ya que Kuso siempre tenía miedo de algo a pesar de ser más fuerte que Roger, la verdad es que Kuso era paranoico.
- Seguramente, pero incluso asi es demasiado tarde como para que no esté aquí.
- ¿Y tú? - una pregunta tan directa solo podía proceder de Max.
- El carro estaba roto y tubimos que arreglarlo por la mañana. Pero el caso de Kuso es diferente, el vive cerca de aquí, realmente creo que tiene que haberle ocurrido algo.
- Tranquilo, parece que ahi viene - dijo la observadora Rose -. Pero está más asustado que de costumbre. ¡KUSO!
Rose salió rápidamente hacia Kuso que había caido al suelo, y al poco la siguieron todos los demás.
- ¿Qué te ocurre gallinita? ¿Acaso es que has visto un ratón o es que has...?
- ¡Ya basta! - Rose le recriminó a Roger. Ella siempre le protegía a Kuso de las burlas del autoproclamado "lider" del grupo.
- Solo estoy diciendo la verdad.
- Lo que haces es burlarte de él.
- Piensa lo que quieras.
- Es...esta vez e...es algo muy terrible.
- Ohh. ¿De veras?
- ¡ROGER!
- Tran...tranquila - Kuso tomo aire y continuó hablando -. Esta vez es algo terrible de verdad. No, no puedo explicarlo, es mejor que vengais a verlo vosotros mismos.
Tras esto, Kuso salió corriendo y todos le siguieron. Al cabo de un rato llegaron a un descampado. Todo parecía normal, salvo por un detalle, en el centro del descampado se encontraba una pequeña forja, y como si siempre hubiese estado allí, el musgo la cubría por todos lados.
- Lo veis, ya os decía que era una tontería, no es más que una vieja forja.
- Pero hermano, aquí nunca ha habido una forja.
- Cierto - afirmo Satoshi junto a una callada aprobación de Max.
- Pues la habrán traido, las forjas no aparecen de la nada, yo que sé - Roger se cabreó como siempre que descubría que perdía la razón.
- Pero esto no era lo que ví, bueno mejor dicho vi algo más, lo que me asustó de verdad.
- ¿Y que fue?
La cara de Kuso se giró hacia Rose y el resto del grupo.
- DEMONIOS
Todos se quedaron de piedra, los demonios no habían pisado esas tierras desde hacía años, pero Kuso nunca los confundiría con otras cosas, ya que mantenía en su memoria la última vez que aparecieron. En esa ocasión se fueron sin matar a nadie, pero quemaron varias casas entre las que se encontraba la de Kuso.
- ¿De...demonios?
- Sí, Clara, demonios. Había tres, dos eran pequeños y sus caras parecían lagartijas, pero el otro medía por lo menos dos metros y vestía ropa humana, pero sus ojos similares a los de una serpiente, parecía que fuesen a lanzar llamas en cualquier momento.
- Y porque nos avisas ahora, tendrías que haberlo dicho en el refugio, hay que avisar al pueblo.
- No me hubieses creido, Roger, ni tú ni nadie.
- Esto... - Roger se quedo con callado, a la vez que agachava la cabeza. El razonamiento de Kuso era totalmente correcto -. Pero... pero si eso fuese cierto, aquí tendría que haber alguna prueba ¿no crees Hitomaru? ¿Hitomaru?
Hitomaru no había seguido la conversación, él se encontraba parado frente a la forja. Roger se le acercó y quedó perplejo al ver que la cara de Hitomaru se había quedado blanca como si hubiese visto un fantasma.
- ¿Qué te pasa? - preguntó una sorprendida y asustada Bell
Hitomaru señaló un símbolo que había en la forja. El símbolo era algo dificil de explicar, la parte superior eran como dos cuchillas o más bien dos alas que se juntaban en la parte inferior del símbolo donde formaban una especie luna con las puntas hacia abajo. Bell se quedó petrificada, ella ya había visto ese símbolo, al igual que los demás aunque no parecían recordarlo ahora. Hitomaru se levantó la manga derecha hasta casi llegar al hombro, allí se encontraba el mismo símbolo en una marca de nacimiento que no debería tener ningún significado.
Por: Alejandro G R | Historias. Hitomaru | Comentarios (0) | Referencias (0)
Autor: Alejandro G R
Localizado en: Valladolid
Edad: 24 años

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